viernes, 7 de diciembre de 2007

Rayando tachuelas (o borrando cómicamente tu nombre)

La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo, ser patológicamente sensible a la imposición de lo que lo rodea, del mundo en que se vive, de lo que le ha tocado en suerte para decirlo amablemente, en una palabra, le revienta la circunstancia, más brevemente, le duele el mundo.
Rayuela, Julio Cortázar.

La cosidad, cosidad rara. Se me ha dado por tomar té verde últimamente, no sé por qué. Dicen que es bueno, y que te ayuda a no sé qué y que te hace quemar no sé cuántas cosas que tengo (?) adentro (léase calorías, o cosas por el estilo). Hay otras cosas adentro mío que quisiera quemar tantas veces como fuese necesario para tacharlas, olvidarlas, matarlas, suprimirlas, borrarlas y desaparecerlas finalmente, soplando las cenizas claro está – pero no encuentro la forma de hacerlo, no. Y me veo todos los días gastando papeles recordando el mismo nombre: cuatro consonantes y una vocal… qué terrible pues, odio la monotonía vocalesca de su nombre, pero no puedo evitar pensar en él debido al estúpido mes que me toca vivir, malditas sean festividades navideñas. Cualquiera diría cosas como “qué paranoica estás” o “estás demente”. Sí, suelo ser un poco paranoica y demente, lo admito, pero sólo para balancear mi multifacética personalidad (nadie dijo que sería fácil entenderme, menos aún cuando carezco de manual alguno).

En resumidas cuentas se supone debo estar algo así como extasiada dada la magnífica fecha de mañana que esperé durante toda mi semana de finales, enfermísima y demás, PERO, pero, pero, pero, pero! no me ha tocado la suerte para decir amablemente que me revienta de sobremanera la circunstancia, más brevemente, me duele creerte muerto. Creo que soy patológicamente muy sensible a tu forma de... no, no - nada que tenga que ver contigo. Soy patológicamente muy sensible a la idea de ti (creo que debo borrar cómicamente tu nombre).

Nada más.

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