


Estás a punto de leer mil novecientas ochenta y ocho cosas ajenas, de verdad.



X: creo que sólo tengo ganas de "ver y visitar" Lima, no me gusta la ciudad como para vivir en ella. Lima siempre será Lima, y eso es lo malo. No evoluciona, no cambia.
P: a ver, acá podría decirte varias cosas, y no puedo escoger cuál, así que no diré nada.
X: dime una, la que tú quieras, y la que creas más importante
P: hmm la más importante, pues
X: dime
P: Lima no siempre será Lima. Nuevas cosas aparecen, las calles cambian, nueva gente transita, abren nuevos lugares y las estaciones del año no se contentan con el período de meses que les toca. Y todo esto no lo sabes a ciencia cierta porque no vives aquí.
Por otro lado, Lima siempre será Lima porque las cosas viejas no desaparecen, porque las mejores calles se quedan como están, porque la gente antigua sigue en las bancas y cafés de miraflores, los lugares de antaño siguen igual, y las estaciones se quedan - los veranos son asquerosos y los inviernos terrible (y encantadoramente) fríos.
P: Y lo sabes porque vienes de visita, y la gente te lo cuenta tal cual
X: Lima es así desde hace mil años… Todas las ciudades hacen eso. Yo hablaba de..
P: de qué
X: todo en general... evolucionar, no abrir tiendas nuevas, cambiar el modo de la gente, no mejorar calles. Lima es una ciudad muy bonita, pero desorganizada y anclada en no querer evolucionar, y eso termina por atraparte.
P: sólo si eres lo suficientemente (o poco) inteligente para que lo haga.
máster en el extranjero, muy buen trabajo, departamento en el Golf y BMW del año – yada yada yada. Rodrigo resultaba ser el perfecto muñequito de torta al cual (desgraciadamente) no le gustaba la música de los setentas; sin embargo, P fue de lo más cordial hasta que acabó su copa, y se excusó para retocarse en el baño luego de que éste le diera su tarjeta, le dijera lo mucho que esperaría su llamada y le diera un beso.Mírame, y observa cada detalle de mi fisonomía con cuidado.
Recuerda bien la sombra que proyecta mi cabello sobre mis hombros, y el camino de pecas que va de mi cuello hacia… Bésame –sin prisa– y juega con mis labios. Muéstrales toda la empatía que casi veinte (largos) años no les mostraron jamás por… Abrázame, y estrújame contra tu pecho. Siente cada latido de mi no corazón (suyo) perdido, y adivina cuánto me toma poder acompasar mi respiración con la tuya.
Entonces, y sólo entonces, súbeme la falda despacio, despacito, aclimatando cada centímetro de muslo que vayas desprendiendo de tela al híbrido ambiente que creaste en tu living room – te gemiré al oído las cosas más dulces que hayas escuchado nunca.
Ven, y arrebátame (once and for all).
Te extraño a ti, y al vaivén de tu pelo a través del auricular.
También tu acento desgastado y la manera de reírte tan tuya
que me hacía (hace) sonrojar.
Extraño levantarme con la rara sensación
en mi pecho (y mariposas en el estómago)
de que será el mejor día de mi vida, y de caminarlo discretamente
con una sonrisa estampada en la cara.
Extraño decirte las cosas más
delicuescentes que mi boca
me permitía articular sólo (y quizás sólo)
porque era terriblemente tarde al otro lado del mundo,
y eras tú, y era yo
a siete horas de distancia
(tan tuyas como mías)
contándote los cuentos que a nadie detallé jamás.
Extraño la boca de
anís que nunca tuve,
y que de haber tenido no hubiera cambiado
ni por mil trescientos cincuenta y cuatro besos de moza,
no.
Te extraño a ti
porque de golpe era feliz,
y cosas por el estilo.
P.D.: Pas si simple (rire sans toi).

Fue descubierta así, más o menos cuando tenía cinco, o cuatro años.