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miércoles, 10 de setiembre de 2008

Pas si simple (o carta para ti)

A: _________
De: __________


Te extraño a ti, y al vaivén de tu pelo a través del auricular.
También tu acento desgastado y la manera de reírte tan tuya
que me hacía (hace) sonrojar.
Extraño levantarme con la rara sensación
en mi pecho (y mariposas en el estómago)
de que será el mejor día de mi vida, y de caminarlo discretamente
con una sonrisa estampada en la cara.
Extraño decirte las cosas más
delicuescentes que mi boca
me permitía articular sólo (y quizás sólo)
porque era terriblemente tarde al otro lado del mundo,
y eras tú, y era yo
a siete horas de distancia
(tan tuyas como mías)
contándote los cuentos que a nadie detallé jamás.
Extraño la boca de
anís que nunca tuve,
y que de haber tenido no hubiera cambiado
ni por mil trescientos cincuenta y cuatro besos de moza,
no.

Te extraño a ti
porque de golpe era feliz,
y cosas por el estilo.

P.D.: Pas si simple (rire sans toi).

domingo, 7 de octubre de 2007

Girl, you'll be a woman soon. (o como me convertí en señorita sin mis bolas)


Well I've finally found
what I'm a looking for
But if they get their chance
they'll end it for sure
Surely would
Baby, I've done all I could
Now it's up to you


Hace como cinco o seis años hice cosas imposibles, y creo que fue porque era toda una niña creciente (así como la Luna, todo porque soy Cáncer). Pero después de una desfachatada anécdota y suceso que quizás y jamás, querido lector, logres saber, perdí mis bolas. Las perdí y no las he vuelto a ver, o bueno a veces puedo distinguir el vacío que dejaron, y trato de llenarlo con Rudeza, pero a veces y ni ella puede. A veces sí, y en eso estoy, en eso ando. Entonces crecí desde entonces sin mis bolas. Aunque creo que de a pocos me voy animando a hacer cosas imposibles de nuevo, claro que nunca tan posibles como llegar a darte un papel impreso con algunos párrafos, letra garamond número doce (tal vez) y con una muy sincera (y bien hechita) pregunta al final que leerías. Y que al levantar la cabeza para (quizás) darme una respuesta, no verías ni la sombra de lo que dejé (porque necesitaría indispensablemente de mis bolas para hacerlo, y quedarme a ver tu expresión, como me dijeron).
Sí, eran varios párrafos bien hechitos fríamente calculados para darme cierta ventaja, tiempo de correr, de alejarme, y aquí te das cuenta de lo maricona que realmente soy.

Sé que gasto infinidad de papeles y gestos en afirmar mi tan afamada (y bien famosita) Rudeza, “broder”. Pero no, contigo no porque sí. Y al final del día es que, cuando me siento frente a una pantalla semi-gris por el escarchoso gris de lima y mi falta de laboriosidad, Rudeza se va a dormir y se prepara para el día siguiente, mientras Rosa Patricia se queda mirando la pantalla. Ah, y escuchando música (siempre, y siempre siempre pues) esperando a quizás tener una relevante conversación. Y con quien se ofrezca buenamente a dársela, eh. A Rosa Patricia le estresan ese tipo de conversaciones llenas de nada con “no-personas”. A Rosa Patricia le aterra, y quizás hasta terriblemente, quedarse inconclusa, mientras pasan los minutos y nadie dice nada (ninguno de los dos) y piensa “demonios, por la puta madre, qué imbécil, es un maldito idiota - Si o no, Fá? – Pfff, pero por supuesto, maldito c-s-m”, hasta que se anima, dice algo, le aterra aún más, y tan de sobremanera que se va a dormir con Rudeza, o hace que él se vaya con algún tipo de incoherencia de la que se arrepentirá por algunos minutos, o durante el transcurso del día siguiente. A Rosa Patricia le aterra también el rechazo, espantosamente.
Esto es difícil. Realmente lo es.

Pero nadie dijo que iba a ser fácil, o bueno Rudeza sí lo hizo, pero ella no cuenta. Quiero mis bolas de nuevo, csm.