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domingo, 28 de junio de 2009

Lady (hear me tonight)





P: Ah, es que era ella pues. Fue la vida entera durante una semana larguísima, bien loca, pero riquísima.
C: Me estás diciendo entonces que te...
P: No, en realidad era sólo ella. Y ya no sé.
C: Qué linda. Y, ¿por qué no pasó nada?
P: Puta, no sé. ¿Le preguntamos? Aunque creo que está molesta. Probemos.



Alerta lista
-xxx-
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Alerta enviada


Usuario no disponible






P: Sí, está molesta. Con ceño fruncido y todo.
C: Fue la vida.
P: Y tenía unas ganas locas de cantarle "Lady", de Modjo.



Can't you see, you're my delight.





PD: Seguro recibiré un "basta, Patricia" - qué chucha.

viernes, 14 de noviembre de 2008

That's what you get.

No sir, well I don't wanna be the blame, not anymore.
It's your turn, to take a seat we're settling the final score.
And why do we like to hurt, so much?



x dice: sabes algo?
p dice: no, dime.
x dice: a veces...
p dice: sí?
x dice: ella es perfecta pero
p dice: ...sí?
x dice: a veces te prefiero a ti.



And that's what you get when you let your heart win. Whoa.

domingo, 2 de noviembre de 2008

¿Puedo hablar contigo? (o horrible y dañino círculo vicioso de imposibles o posibles futuras frustraciones)

p dice:
creo que no soy una persona de domingos
young democrat dice:
por qué?
young democrat dice:
te ponen a pensar
p dice:
y es lo que menos quiero
p dice:
pienso. y creo
p dice:
que me hace daño
young democrat dice:
te hace daño, te haces daño
p dice:
qué tanto daño, dios
young democrat dice:
al parecer, un daño considerable
p dice:
y qué se hace con tanto daño?
young democrat dice:
correr lejos
young democrat dice:
porque no se puede vivir así
young democrat dice:
o sí?
p dice:
no, no se puede
young democrat dice:
entonces p
young democrat dice:
qué hacemos!
young democrat dice:
porque no me gusta que seas la canción de fondo
p dice:
pues, por momento pondré mute
p dice:
tú crees?
young democrat dice:
me parece perfecto
young democrat dice:
mejor aún si escuchas otra música

p dice:
entonces, qué recomienda ud.?
young democrat dice:
que te olvides, que cambies de emisora
p dice:
indeed. lo intentaré


young democrat dice:
siento que nada va a cambiar después de hoy
p dice:
te digo un secreto?
young democrat dice:
me encantaría
p dice:
yo tampoco creo
young democrat dice:
y podrías ser tan feliz

lunes, 29 de setiembre de 2008

Sex on fire (o miradas que comen)

"You
Your sex is on fire
And so
Were the words to transpire"



El sol caía, como lo suele hacer los veintinueve de septiembre a las dos de la tarde.

Ahora me encontraba en la parte superior de la escalera, y tú unos cuantos escalones más abajo. Tus ojos masticaban cada centímetro de mis piernas negras (por las pantys) que no cubría mi hermosísima minifalda, y yo te veía (y lo hacía discretamente). Nunca me había encantado tanto que alguien devorara mis piernas de la manera tan descarada en que lo hiciste. Tú y tu precioso nombre.

“No puedo creer que haya respondido esa pregunta, en realidad tiene muchísima
suerte. La mayor parte del tiempo aparenta ser bruto, pero creo que sólo es algo
flojo para estudiar”, dijo G.

“Llegó una hora antes del examen, y empezó a
hacernos preguntas, ¿recuerdas? No sabía nada, y te pidió que le preguntaras
algo y creí que le dirías algo como ‘Te casarías conmigo’, pero no lo hiciste”,
dijo A.

“Jaja. Hubiera sido bueno. Lo pensé, por un segundo, pero mi boca
articuló ‘dime qué es el acto administrativo’. No creo que sea bruto. Respondió, y
apuesto a que nadie más hubiera podido hacerlo tan bien como lo hizo. Antes
pensaba que era un muñequito de torta más, pero ahora… Ahora es totalmente
perfecto”, dije.


Tú seguías mirándome, así que decidí mirarte igual, de pies a cabeza, hasta que tuve que hacer importantísimas diligencias de Derecho –como comprarme un Código Penal– e irme con F.
Y me sonreíste, y te devolví la sonrisa, poniéndome mis antiquísimos lentes de sol.
Si debo ser sincera, debo admitir que fueron los mejores cinco minutos de Septiembre, y ya.

Sé que nadie mirará mis piernas de la manera en que lo hiciste, muñequito, pero la verdad es que eso… me tiene sin cuidado – estás más que invitado a hacerlo de nuevo cuando te provoque.

sábado, 20 de setiembre de 2008

Guilty (o encantados de noche)

"Is it a sin, is it a crime
loving you dear like i do.
If it's a crime, then i'm guilty
guilty of loving you."


Act one, in which P llegó más que muerta a su casa, a desbaratarse en su cama y conciliar un poco de sueño. Dos sonrisas y una lágrima después, fue despertada por su madre para que la acompañara a realizar un par de diligencias, para lo cual se emperifolló más que un poco, y decidió usar su muchísimo más que preciosa faldita (globo) nueva. “C’est parfait”, pensó, y buscó las pantys y los tacones respectivos, no sin antes desilusionarse un poco más de la vida y ponerle un poco de rojo a su boca.

Acto seguido, en el cual todos, absolutamente todos los hombres que se cruzaron en su camino voltearon a verla, sin ser paranoia de P, claro, porque fue corroboradísimo por su madre (“Algo tienes hoy, sinceramente: ningún hombre deja de verte”). Y claro, inevitablemente, eso produjo que sus mejillas pálidas se tornaran rosadas, y que en su inexpresiva cara brotara media sonrisa. Y siguieron caminando, y compró las entradas para ver a su queridísimo Rodolfito, y luego se topó con todo un galán de ojos preciosos que le sirvió amablemente un frapuchino de caramelo (y que por supuesto no dejaba de mirarla). Eventualmente, P se sintió un poco apabullada por toda la situación, y decidió que era tiempo de regresar a casa.

Acto tercero: entradísima la noche, con previos de más y buena compañía, decidieron ir a un bar novísimo. Y de yuppies, porque una de ellas tenía una especie de fijación con ese tipo de hombres. De los tantos que la abordaron, sólo recuerda fehacientemente a tres: Rodrigo, Enrique y Fernando.

Rodrigo era realmente encantador, parecía salido de Wall Street, con un impecable traje que revelaba su muy buen gusto para vestir. Se acercó con un “Hola, ¿puedo invitarte un trago?”, y sonrió. “Sí, claro – un apple martini, por favor”. Después de que ella se presentase, él hizo lo suyo: finanzas, máster en el extranjero, muy buen trabajo, departamento en el Golf y BMW del año – yada yada yada. Rodrigo resultaba ser el perfecto muñequito de torta al cual (desgraciadamente) no le gustaba la música de los setentas; sin embargo, P fue de lo más cordial hasta que acabó su copa, y se excusó para retocarse en el baño luego de que éste le diera su tarjeta, le dijera lo mucho que esperaría su llamada y le diera un beso.

Enrique había estado analizando la situación desde el otro extremo de la barra, calculando sus posibilidades y siguiendo, luego, cada paso de P a la pequeña cola del baño. “Disculpa, pero no pude evitar venir e invitarte un cigarro – no parecía que estuvieses teniendo la conversación de tu vida con ese sujeto”. P lo miró detenidamente, le sonrió y aceptó su propuesta. “En realidad todo iba ‘bien’ –tomó una bocanada de humo– hasta que dijo que no entendía la música de los setentas, y que Led Zeppelin le parecía overrated”. Botó el humo, y esperó una respuesta honesta. “No puedo creer que haya dicho eso del cuarteto más grande del rock ever”. P sonrió abiertamente. “Me declaro fan acérrimo de Led Zeppelin, es mi banda favorita por excelencia” – “No way, ¡es MI banda favorita! Me quedé muda cuando dijo lo sobrevalorada que la consideraba”. Ambos conversaron y sonrieron por un lapso de quince minutos, hasta que una chica apareció detrás de él y le cogió el hombro, mirando fijamente a P. “Amor, ¿nos vamos?”. P rió, se acomodó el cabello detrás de su oreja izquierda, y caminó a la barra del segundo piso. "Irónico", pensó.

Había un sitio libre al costado de un chico que le recordaba mucho a un preciso amor platónico de hace como dos años. Sin pensarlo dos veces, se sentó silenciosamente, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda, revelándole un poco más de piel a la noche. Él la miró, y le sonrió. Ella lo miró, recostando un poco para atrás su cabeza, y le devolvió la sonrisa. Se presentaron, conversaron, tomaron un par de tragos y verdaderamente se gustaron. Fernando fue la cerecita de la noche de P, y quien por fin le quitó un poco lo rojo de la boca. Fue, también, el único que se llevó su número, y a ella a su casa.
Qué noche.

sábado, 5 de julio de 2008

De X's y P's (o un poco de la rarísima semana de Paula, como cuento antes de dormir)

X dice:
Sólo quiero saber cómo está Paula… qué ha estado haciendo... etcétera.
X dice:
:)
p dice:
La semana de Paula podría diagramarse casi perfectamente en una gráfica.
p dice:
Algo rara, comenzando medio bajo, con un pico cumbre, luego bajó otra vez, y subió, y se quedó entre los dos últimos, como quien no quiere la cosa.
p dice:
Dentro de todo (la universidad, sus cosas, y demás) trataba de encontrar un equilibrio que le permitiese concentrarse en las pequeñas cosas que le interesaban, a pesar del odioso sol que arruinaba un poco sus planes.
p dice:
Tuvo un par de prácticas, varias entregas de trabajos y una exposición - todas regular (y hasta excepcionalmente bien). Aunque el estrés empezara a agobiarla un poco, sinceramente, trataba de tomar mucha agua para no dejar a su cuerpo secarse como una pequeña pasita.
p dice:
No comió casi nada de chocolates debido a la tensión, pero no le afectó mucho. O mejor dicho, no le afectó tanto como cuando casi al final de la semana tuvo que poner las cosas en perspectiva por varias horas de madrugada (en la que no consiguió dormir nada, y hasta se levantó cuarenta y siete minutos antes que su despertador).
p dice:
A Paula, por lo general, no le gustaba hacerlo (poner las cosas en perspectiva), aunque sabía lo importante y esencial que era. A veces prefería simplemente mirar su techo, o salir al patio y ver había luna (a ella le encanta la luna, para ella no hay cosa más preciosa), todo menos el inconsciente movimiento de toqueteos de clavícula, que terminaban casi siempre en el huequito y los tun tun, tun tun de su corazón.

En realidad, era su corazón el que le daba la mayoría de respuestas. "A veces no es tan bueno pensar con la cabeza fría, sino con el pulso entre acelerado y no habido", se repetía fielmente cuando sabía que debía tomar decisiones.
p dice:
Entonces, ése fatídico día en el que Paula llegó al pico de su gráfica, casi casi al final de la semana, simplemente no pudo más. Luego de mil entretelones, de dimes y diretes, de unas cuantas lágrimas en su almohada y varios sorbos de agua, sólo se dedicó a escuchar en repeat una canción que últimamente iba teniendo mucho sentido para ella. "How i wish, how i wish you were here".
p dice:
Cuando iba por la octava repetición, recordó el día que escuchó la mismísima canción por el mismísimo Roger Waters. Y sonrió. Y luego recordó lo miserablemente triste que se encontraba en ese momento, y trató inútilmente de hacer las cosas que tenía pendientes para el último día de la semana en que se le exigía productividad. Trató en vano. Luchó por un par de horas, pero no podía pensar: estaba nula, y no sabía por qué. Trataba. "otra vez con la clavícula". Su corazón latía fuerte, rápido. "qué será. Me duele un poco el...". ring. "aló, ah sí". Debía terminar el trabajo, pero no podía, simplemente no podía, no sabía qué hacer. "juguemos batalla naval" - "vale". ring. "aló". Paula perdió dos de tres, se sentía mal, pero no peor. Abrió entonces un documento de word para empezar a escribir lo que se supone debía escribir para el día siguiente. No pudo. No pudo.
p dice:
"¿Qué demonios te pasa?" - se repetía constantemente, sin tener una respuesta clara. Fue al baño, se lavó la cara, se miró directo a los ojos y trató de darse una cachetada, pero no pudo. Miró abajo. Se cogió del lavamanos. Cerró los ojos fuertemente, y cayó una pequeña gota salada en su brazo derecho. "todo está bien, en efecto, todo debe", se dijo a sí misma. Abrió el grifo derecho, se lavó la cara, dientes y manos, y regresó a su documento de word, perfectamente en blanco. Trató de poner música, pero ahora sólo atinaba a escuchar "mother, will they put me in the firing line? is it just a waste of time".

Hush now baby, baby, don't you cry. Dentro de sí, y muy a su pesar, sabía que no se trataba (y nunca se trató) de tiempo perdido.
p dice:
Bien porque el tiempo no es algo que realmente puedas encontrar o perder, sino simplemente entender.
p dice:
Paula sabía que a veces hay cosas tan duras y secretas que eran quinientas treinta y dos veces mejor guardarse a dejar escapar. Su gata empezó a maullar - tenía hambre. Así que se puso sus pantuflas, y fue a dejar caer un poco de comida en su plato.