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jueves, 11 de junio de 2009

Fotos (o sutilezas de cinco y media)

Lo vio por primera vez en un corral de feria, enfrentando a un toro bravo al descubierto, medio desnudo y desprotegido. Días más tarde volvió a verlo bailando el cumbé en una fiesta de carnaval, a la que ella asistía llevando una máscara… Judas estaba en el centro de un grupo de curiosos y bailaba con cualquier mujer que quisiera pagarle… Bernarda le preguntó cuánto costaba. Judas replicó mientras bailaba “medio real”. Bernarda se quitó la máscara. “Lo que quiero saber es cuánto cuestas el resto de tu vida”.

Del amor y otros demonios
Gabriel García Márquez





Y , ¿cuánto cuestas el resto de tu vida? Supongo que ya me cansé de ser sutil, que necesito una pausa, que las palabras cada día se me hacen más fáciles y cómodas, y que el pesar de sus consecuencias me saben más fuerte que cualquier otra cosa. Sé que no es momento de tomar decisiones, pero si alguien está dispuesto a tomarlas por mi, ¡enhorabuena! Me cansé de ser tan consecuente todo el tiempo.

“The truth shall set you free” – sí, pero ¿qué verdad es? Y más importante, ¿qué libertad, también? Dímelo, pero rapidito, que esto de no saber me mata de a poquitos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

¿Puedo hablar contigo? (o horrible y dañino círculo vicioso de imposibles o posibles futuras frustraciones)

p dice:
creo que no soy una persona de domingos
young democrat dice:
por qué?
young democrat dice:
te ponen a pensar
p dice:
y es lo que menos quiero
p dice:
pienso. y creo
p dice:
que me hace daño
young democrat dice:
te hace daño, te haces daño
p dice:
qué tanto daño, dios
young democrat dice:
al parecer, un daño considerable
p dice:
y qué se hace con tanto daño?
young democrat dice:
correr lejos
young democrat dice:
porque no se puede vivir así
young democrat dice:
o sí?
p dice:
no, no se puede
young democrat dice:
entonces p
young democrat dice:
qué hacemos!
young democrat dice:
porque no me gusta que seas la canción de fondo
p dice:
pues, por momento pondré mute
p dice:
tú crees?
young democrat dice:
me parece perfecto
young democrat dice:
mejor aún si escuchas otra música

p dice:
entonces, qué recomienda ud.?
young democrat dice:
que te olvides, que cambies de emisora
p dice:
indeed. lo intentaré


young democrat dice:
siento que nada va a cambiar después de hoy
p dice:
te digo un secreto?
young democrat dice:
me encantaría
p dice:
yo tampoco creo
young democrat dice:
y podrías ser tan feliz

martes, 21 de octubre de 2008

Me voy a morir tanto de amor (o lo feo que es añorar cosas que se creen definitivamente perdidas)

Juraría trescientas veces –si pudiera– que mis horas más débiles se hicieron precisamente para contener crudamente en las cuatro paredes que alojan –día y noche– mis terribles y latentes ganas de hablarte. Pero no de hablarte a ti, antojadísimo tontito, sino a lo que fuiste, y que también fui yo, y que comenzó un no tan enfermo viernes seis de junio, y que no sé si terminó hace no tanto el fatídico día de mi casi-muerte (que detesto recordar).

Y (así) me voy a morir de tanto amor –recordando– y toda mi emoción e ilusión se harán lágrimas en mis ojos y caerán por mis mejillas y cuello, y hasta lleguen a los pechos míos que quizás, sólo quizás, llegues a besar y conocer un día.

Entonces imagino el día, ah (si es que llegase) en el que por fin pueda posar ambas manos en tus orejas, y besar tu frente y labios, y oler tu cabello, y probarle así al mundo que no debe temer más por mi, que le abro mi corazón a viento y marea, y al sol (porque la luna me tiene completa ya). Y gritaré (muy a tu pesar) que estoy dispuesta a sentir y ser sentida, y que mis horas no serán más débiles porque estaremos abrazados dentro de las cuatro paredes mías (y si quieres tuyas) y sonará toda la música que imaginé escucharíamos la primera vez que nos encontráramos así, mirándonos fijamente a los ojos, sin necesidad alguna de palabras (porque sobrarían) y sin diferencias horarias (que más de treinta y nueve veces detesté).

Ahora, pues, no sé si deba morir de amor, y menos por ti (o por lo que fuiste, y que también fui), pues si de eso realmente fuese a morir preferiría evitarlo (a toda costa), y cerrarme a viento y marea y sol (no sería sano). Llámame orgullosa, egoísta, miedosa, me importa una mierda – al final quien termina cuidando de mi soy yo (y es terrible llorar sobre platos rotos).

Y ya ves, no sé por qué de repente me puse a llorar, sin saber exactamente por qué (o sabiéndolo a la perfección) y adivinando el sabor salado que tendrán esas lágrimas cuando bajen por mis mejillas, pero no lleguen a mis pechos, y a la curiosa peca de mi seno derecho (que nunca pensé en regalarte, por cierto).

PD: Nunca te tomaste la molestia de preguntarme si me gustabas, ¿sabes? Y pude ser lo mejor que te ha pasado en la vida.