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jueves, 25 de diciembre de 2008

Yawny at the Apocalypse (o crónicas de un sueño)



Eran tan tarde que no podía seguir sentada viendo el monitor, y decidí acostarme. Todo a mí alrededor se sentía pesado, duro, así que caí rendida debajo de una sábana y un cobertor. Entonces cerré los ojos lo que para mi fue un minuto, y cuando los abrí me encontré caminando contigo por el malecón. Estaba todo tan lleno de nubes y pequeños rayos de sol que sabía muy en el fondo que se trataba de un sueño. Caminábamos de la mano, cuidando cada paso como relojito suizo, y jugábamos a tratar de seguir nuestro camino sin pisar las líneas. Yo reía tocándome la cara y tú me mirabas sonriente, contemplándome, como si en ese momento hubieras sabido exactamente que en cualquier momento podía despertar y…


De repente te detuviste y miraste hacia atrás, como asegurándote de que no hubiera gente cerca. Me tomaste de las dos manos y las pusiste sobre tu pecho – en ese momento sentí tu corazón latir tan acompasadito como nuestros pasos suizos. “Nunca había sentido un corazón latir tan bonito como el tuyo, ¿sabes? No quiero volver a poner mis manos sobre otro pecho, no quisiera olvidar el compás del tuyo”, dije, sin despegar mis manos. Sonreíste, me envolviste entre tus brazos y me acercaste más a ti.


Ahora estábamos tan cerca que me provocaba jugar con tus ojos, y lo sabías bien porque muy en el fondo querías hacer lo mismo conmigo. Entonces dijiste: “nunca he querido tener a una persona tanto como te tengo a ti, aquí, ahora – siento que no necesito ver otra cosa en el mundo, que no me hace falta nada más”.


Me diste un beso en la esquina izquierda de la boca, pusiste mis manos alrededor de tu cuello y empezó a sonar una música muy despacito. Rozamos narices, y me apoyé en tu hombro derecho, deseando que los segundos se hicieran eternos, que tus manos no dejaran de abrazarme y que a mis cachetes no se les fuera jamás el rubor que les causaste.




Y luego desperté, recordando la mitad de lo que había pasado.



PD: sí, la foto es mía, pero la canción no (gracias).


domingo, 6 de enero de 2008

Quince dos puntos cero tres (o 15:03)

Paula llegó de madrugada a su casa, luego de despedir a uno de sus queridos amigos en, literalmente, el culo del mundo. La había pasado tan bien toda la tarde en ese sábado que no prometía mucho, subiéndose en una combi con destino errante de coordenadas "te-bajas-pasando-el-rancho-y-te-metes-en-la-calle-Sor-Matte", y llegando a divagar por mil pequeños parques inundados de niños, risas y bicicletas formidables. Sí, eran tantos los niños, las risas y los parques que Paula y su amiga Anairam se frustraron un poco en su vago intento de ilegalizarse un poco, hasta que lo consiguieron (Paula muchísimo más que Anairam) y rieron en un lugar llamado "La Piccolina", o algo así. Y caminaron muchísimo luego, y se rieron de peces Guppy (que eran Yupi) y de la maldita escasez de Goldfish de la tienda de mascotas.
Paula cerró los ojos por un par de minutos (o al menos eso parecieron) y luego apareció casi instantáneamente con Anairam en la casa de la pequeña y dulce Ipince. Entraron, subieron, comieron algo de bocaditos chinos, y luego bajaron porque Lucero y Gino esperaban con el taxi que los llevaría, literalmente, al culo del mundo. A Paula generalmente no le molesta ir en automóviles por toda la gran inmensidad de Lima, pero sí que la tilden de niñita aristócrata ignorante de sitios como San Miguel o Bellavista: le exaspera totalmente. Entonces llegaron y, como era de esperarse cuando hay una baraja de naipes cerca, jugó con sus destinos. Anairam e Ipince fueron las más entusiasmadas, y las más sorprendidas con el resultado de aquellas cartas. Lo que siguió de la noche fue alcohólico y entretenido, hasta el arribo del taxi a las tres y media (o un poco más). Y el trayecto de regreso cargado de anécdotas y chismes, y cosas por el estilo, hasta la llegada que comenzó esta historia.

Paula no tenía sueño, así que prendió el televisor luego de quitarse la ropa, claro, y lavarse los dientes. Cerró los ojos ya en su cama, again, y se dio cuenta de que eran como las cinco y media, y estaba amaneciendo. Se asustó, y decidió dormir: sería un día bastante agitado el que la esperaba.

jueves, 19 de julio de 2007

Dogs. (o como silbidos condicionan la mente)

"And after a while, you can work on points for style
Like the club tie, and the firm handshake
A certain look in the eye, and an easy smile
You have to be trusted by the people that you lie to
So that when they turn their backs on you
You'll get the chance to put the knife in."

Ah, libertad: añoradísima libertad. Una pequeña y dormida Pepé sobre mis piernas, y un poco del buen floide rosado de fondo. Una Patricia que me regaña, critica mi tan bien ordenado desorden y se lleva ropa sucia "que hay que lavar". Me quiere, lo sé. La adoro y la odio un poco (creo que es como todo, a pique tengo y no tengo razón).

A estas alturas no sé si es justificado un mínimo rencor a la vida que muy buenamente Isis me permitió, no entiendo como las cosas pueden darse de forma tan arbitraria, de que mis deseos por hacer que tres horas de sueño sean como ocho se cumplan, y que lo ÚNICO que quiero en esta vida desde que vi blanca nieves y/o la cenicienta NO SE CONCRETE. Nada pues. No diré qué es porque muero, y aparte no te incumbe "querido lector".
Bah, demonios. Tengo sueño e iré a dormir.