"I'm a high school lover,
and you're my favorite flavor
Love is all, all my soul
You're my playground love".
Hola, hola, hola. Esto no es una declaración de amor, pero abiertamente he de admitir que me produces esa rara sensación de chiquita enamorada y horrible. A veces me siento tan egoísta, sí, sí, pero no me importaría serlo contigo. En una frazada escocesa, para el frío, y algo que ver en la tele. Comiendo. Me encanta tu nombre, creo que ya te lo dije, y se lo dije a tres personas más, pero es porque se trata de mi época favorita del año. Esa que me mata lentamente, y que yo vivo toda a gusto. Me encantas, o me has encantado, y es bonito. Los términos no me importan, ni las etiquetas, para que lo sepas bien. Y no digo más porque tengo sed y necesidades. . Esto no es una declaración de amor, repito, es el primero de mis pasos para…
Era más o menos temprano, o tarde, pero llegaste y tuvimos que salir. Primero al parque, claro, a darnos un poquito de libertad. Las hojas en invierno parecen querernos más, y nos caen por montones mientras conversamos. Quizás sea un gustito adquirido ese, conversar – a mi me gusta hacerlo por horas. Ahora sí es tarde. Caminamos a lo que será la noche de nuestras vidas, o al menos una más. Y lo sabes porque hace frío, tienes el pecho hinchado y el abdomen duro – “no, acá no hay rollitos”. Tres cigarros más, cuatro pasajes menos y un par de cuadras erradas, nos separamos. Seis personas después y un par de distritos más lejos: voilá, la noche de mi vida.
Bonito lugar. Pequeño, cómodo, “familiar” de una retorcida manera. The place to be, sí, siempre y cuando tengas DNI. Entonces entras y te sientes como en casa, saludas a tus amigos, a tus no tan amigos, a tus conocidos, y ves de reojo a los desconocidos. Pides una chela, alguien te llama “hipster” y sonríes. Entonces te das un poquito más de libertad, y aceptas. Es un pasajito muy pintoresco, con vista al lou. Se prueba, aprueba y pasa. Las conversaciones suelen ser de lo más divertidas cuando pasas el rato así.
Ahora, descaradamente libre, vuelves. Y notas la presencia de nuevas personas. Alguien te habla por la ventana, y casi no puedes creerlo. El verde es un muy bonito color, realmente, y tú también. De pronto, y sin previo aviso, te reconocen y gritan tu apodo. Recuerdan las clases de Etiqueta Social. Se acerca, se presenta y te da un beso. Respondes, y agregas cháchara barata. Buena música, muy buena.
Lo malo de este lugar son los sillones, bajitos y pequeños. Se repite el saludo, la presentación y los ricos besos. Parece que te gustó conversar conmigo, porque te quedaste, y ahora compartimos el bajito y pequeño silloncito. Me haces reír, con las cosas que dices y no puedes hacer. Tu cercanía me pone nerviosa. La música sigue siendo buena, y el verde –definitivamente– un muy bonito color en la habitación. Un beso en el cuello, está bien. “Casi me caigo”. Pusiste tu mano derecha en mi rodilla izquierda. “Me tienes un poco acorralada, ¿sabes?” Reíste, descaradamente, y cambiaste el tema de conversación.
“No te voy a dejar de querer porque no sepas hacer perritos con globos”, dije. Me dio un beso en el pecho, que estaba frío (y no tan hinchado ya). Cerré los ojos. Su mano subió por mi pierna, y de alguna retorcida manera llegó bastante lejos, casi a la altura de mi cinturón, y por ahí se quedó. Pero nunca tan fácil, no. Si antes su cercanía me ponía nerviosa, ahora me…
Le hablé de “mi” única persona so far, y se molestó. Intenté explicarle un poco la situación, incluso alerté algo y se molestó todavía más. Breves comparaciones después se calmó un poco, todo. “Iré al baño”, dijo, pero no se movió. Y aunque no retiró su cercanía, decidí dejarme de libertades, levantarme y salir.
Ahora son como las cuatro de la mañana, y me pregunto qué hubiera pasado sí…
Recuerdo las luces del quirófano antes de quedarme dormida, con la anestesia en la mano izquierda y la mascarilla de gas. No tengo idea de cuánto tiempo después habrá comenzado todo. Sé que fueron un par de horas, y que desperté en el elevador, con dos enfermeras camino al cuarto. “Seguro empezarás a sentir una molesta en la garganta – no te preocupes, es normal. Te sacamos el tubo endotraqueal antes de que despertaras, como prometimos. Todo fue un éxito, ahora relájate y duerme”. Tenía sed, pero no podía tomar agua. Llevaba dos días sin comer, y en realidad poco me importaba. Las cuarenta y ocho horas previas de dolor a la cirugía me quitaron cualquier tipo de ganas, incluyendo las de seguir viviendo. No importaba nada, ya. Quería que acabase todo, y ya. Así pasaron cinco días, y el último, el del mi cumpleaños, me dieron de alta, con pudín de chocolate como postre del almuerzo.
Todavía no siento tener veintiún años. Todavía, y hasta no estar en la fiestecita cocktail y el vestido negro seguiré teniendo veinte.
Fiestas, desenfreno, sexo en siestas, vivir un sueño.
No te contaré las cosas que se me ocurren cuando dices “te quiero”, ni reprocharé los desequilibrados celos que afloran en tus ojos cuando miro a otras personas, o lo mucho que me arrepiento luego de amenazar con dejarte, ni lo que pienso cuando estoy sola, o lo que quiero de verdad.
Verás, no puedo compartirlo todo, ni mostrártelo tampoco – correría el riesgo de volverme transparente, y eso no me gusta. Prefiero que me odies y me llames agua-fiestas.
Es un juego, todo, y aquí pierde quien empieza a mostrar lo que realmente siente.
Y así, desprendida de sentimientos, siendo fría y calculadora, es como uno gana.
pd: A ti, pronto te tendré, y nos divertiremos de lo lindo.
pd2: A ti, no entiendo tu afán masoquista de halagarme tanto - no me gustas, punto.
pd3: No sé si sigas leyendo esto pero la verdad, a ti, no tengo nada que decirte.
pd4: Ah, cierto. Braggarts como tú se ven ridículas al opinar sobre mi, seriously - das pena, querida.
"I'll never love again Can I say that to you Will you run away If I try to be true Cherry blossom girl"
No sé qué pensar, No sé qué decir, No sé qué sentir.
Pensé detenida y cuidadosamente qué decirte acerca de lo que siento, y nada. Al final no hice nada. Al final me quedé en nada. Al final creo que soy nada. Nada, nada, nada.
Y es que je ne sais déjà pas ce que je dois sentir, chéri
Dícese de aquella frustrada, caprichosa y sarcástica non-fatale femme que suele ignorarse inútilmente. Es incapaz de rechazar un chocolate, o coquetear espontáneamente.