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domingo, 9 de mayo de 2010

No I in threesome (o cuentos de Florentino/respuesta pa-ra-ti)



Hola. Creí que nunca responderías.

Yo me acuerdo de una de las últimas veces que pisé Florentino, a una hora ridículamente temprana, como era costumbre, en uno de esos fines de semana más de mi vida de hace unos cuantos años. Y de como no pareciste inmutarte en lo absoluto por mi novísima cabellera pelirroja cuando me viste de pronto, o creo que más bien dijiste un “hmm sí te queda normal” o “sí, te queda bien”, y luego te fuiste porque algo pasaba con algunos cables o amplificadores, o simplemente te llegó al pincho verme, qué sé yo. O hasta creo que fue básicamente que esa noche tendrían un baterista “fuera de serie” (que luego me enteré habías sido tú) y todo era más estresante de lo que usualmente es tocar en un establecimiento abierto al público, con todos tus amigos/conocidos/no tan amigos/enemigos/totales ‘x’ esperando el mejor de los conciertos, el mejor. Ese día estabas igualito a Alex Kapranos, ¿sabes? con esa casaca de cuero. ¡Qué te puedo decir!, de re-chu-pe-te. Creo que estaba “ella” esa vez, tu nueva chica de lentes y nombre franchute, y recuerdo que le dije a mi amiga lo celosa que estaba al verte con ella, o ella hablándote al oído a decirte qué carajos pues, cosas de novios, supongo, fácil pura cochinada.



Fácil he confundido dos noches completamente diferentes. Pero no es mi culpa, tocaron demasiadas veces (o quizás muy pocas) en Florentino. Qué tales épocas.



Y si no estamos tan lejos como dices

y quisiera hablar contigo,

¿se puede?



Babe, it’s time we give something new a try,

Oh, alone we may fight, so just le us be free.




PD: Me gusta leerte, casi siempre.

domingo, 14 de octubre de 2007

C'mere (o como recuperé algo. sí)

“It’s way to late
to be this locked inside ourselves
the trouble is
that you’re in love with someone else
it should be me.
Oh, it should be me.
”



Gregorovius le acarició el pelo, y la Maga agachó la cabeza. “Ya está”, pensó Oliveira, renunciando a seguir los juegos de Dizzy Gillespie sin red en el trapecio más alto, “ya está, tenía que ser. Anda loco por esa mujer, y se lo dice así, con los diez dedos. Cómo se repiten los juegos. Calzamos en moldes más que usados, aprendemos como idiotas cada papel más que sabido. Pero si soy yo mismo acariciándole el pelo, y ella me está contando sagas rioplatenses, y le tenemos lástima, entonces hay que llevarla a casa, un poco bebidos todos, acostarla despacio acariciándola, soltándole la ropa, despacito, despacito cada botón, cada cierre relámpago, y ella no quiere, quiere, no quiere, se endereza, se tapa la cara, llora, nos abraza como para proponernos algo sublime, ayuda a bajarse el slip, suelta un zapato con un puntapié que nos parece una protesta y nos excita a los últimos arrebatos, ah, es innoble, innoble. Te voy a tener que romper la cara, Ossip Gregorovius, pobre amigo mío. Sin ganas, sin lástima, como eso que está soplando Dizzy”.

Capítulo 12. Rayuela. Fragmento.


Ya está, tenía que ser. Sólo que sin diez dedos y sí con frío, y alcohol y qué sabe Dios cosas más encima. No hay pretensiones de excusar nada, nada.
Recuperé mis bolas, broder. Creo que recuperé al menos una o gran parte de las dos.
Y pues, como diría Rafito, "todo es precario, ctm".