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sábado, 29 de enero de 2011

505 (o reproche al ausente)

"I'm going back to 505,
If it's a 7 hour flight or a 45 minute drive,
In my imagination you're waiting lying on your side,
With your hands between your thighs."



Hola, hola, camarón sin cola que toma coca cola. Son ya como las diez de la mañana, hora normal para un par de reproches, así que… ¿en dónde estaban tus muslos ayer cuando quería tenerlos a mi sola disposición, eh? A merced de mis manos, con tu piel haciendo chispitas en la mía, fuegos artificiales, así. Me pareció extraño no encontrarte por ningún rinconcito de por ahí, porque siempre por esos mismos rinconcitos andas convirtiéndote en la mejor/peor versión de ti, esa que me agrada. Y ese color de ojos que no sabré con exactitud hasta que juguemos al cíclope un buen día de estos. Yo tenía felicidad para como cuatro horas, así que habrías estado más que encantado con toda la situación, era tal y como te la imaginaste seguramente, con un gran lazo encima. Que, ¿no te la imaginaste? No mientas. Está bien, seré un poco más explícita: yo sólo quería morderte la oreja, luego de susurrarte algo sutilmente cochino al oído. Verás, ayer me hubiera encantado tenerte entre las piernas, en ese sofá, en ese rinconcito de por ahí. Tough luck, darling.

Tuve que contentarme con cualquier versión de cualquier otra persona, lo cual no estuvo nada mal, pero si hubieras salido ayer… Bueno, ya lo sabes. Ahora te dejaré para que pienses bien todo esto.

viernes, 19 de setiembre de 2008

Leave before the lights come on (o conexiones cerebro-sonrisa)

"And I suppose that's the price you pay,
well oh it isn't what it was,
she's thinking he looks different today,
and now there's nothing left to guess now."


Paula se reía mientras volvía a casa, contando sus pasos detenidamente y recordando la sombra de otro par de pasos que no muchas veces la acompañaron. Sabía perfectamente que quería volver a sentirse tan rarísima y única como cuando caminaba al lado de… Sí. Y pensar y repensar cuidadosamente qué decir – porque con él las conversaciones no eran como con cualquiera, no. Y tratar en vano de no sonreír demasiado – porque, aparentemente, no podía dejar de hacerlo, era casi como una reacción automática, como si de pronto (e instantáneamente) su cerebro le comunicara a su boca que había llegado el momento de trabajar, y así lo hacía.

Realmente extrañaba esa sensación de películas que comenzó con un miércoles y terminó un viernes, pero no sabía si eran los recuerdos y el sol jugando un poco su cabeza, o si de verdad quería regresar a la conexión "cerebro-sonrisa" que le producía el sujeto aquel.
En definitiva, Paula debía analizar cuidadosamente la situación con un poco de W&W, y del valiosísimo aporte de L.

L: Creo que estuvo llorando el otro día.
P: ¿En serio?
L: Sí. Me dio
un poco de pena.
P: ¿Crees que deba hacer algo?
L: Pues…